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domingo, 30 de marzo de 2025

URBAN FANTASY: BLOODY MARY SE PASEA POR TU CASA

 

Era noche cerrada cuando todo ocurrió. Sucedió en un pequeño pueblo estadounidense, poco conocido. Todo ocurrió un viernes noche. No, no era viernes trece.

Nuestras protagonistas eran un pequeño grupito de niñas, no mayores de trece y catorce años, las cuales se conocieron en clase. Eran cinco niñas. Una llamada Laura, la cual llevaba el pelo rubio, ojos azules y tenía trece años. Megan, de catorce, llevaba el pelo corto negro. Luego estaba Candace, una joven pelirroja de trece años, con el cabello corto y ojos azules. La cuarta niña se llamaba Brooke, llevaba el cabello rubio largo y los ojos azules. Edad catorce. La última niña se llamaba Juli, de cabello corto castaño y tenía catorce también.

Todas iban en pijama esa noche. La noche no era nada extraña, no tenía nada fuera de lo normal: las niñas hablaban de chicos, de qué guapos eran, y que mal les caía esa chica, si habían estudiado, bla bla bla. Nada raro. Hasta que Candace, la pelirroja, dijo:

  • ¿Conocéis el mito de Bloody Mary?

  • Sí, lo conocemos — respondió Juli, quien se temía qué venía a continuación. Pero calló, no fuera a ser una equivocación. No lo fue.

  • ¿Comprobamos si es verdad? — la emoción se le palpaba en la voz y Candace podía notar como se le subía el ánimo conforme la idea iba tomando fuerza.

  • Solo es un mito Candace — respondió Megan —. No es verdad. Una pérdida de tiempo.

Visiblemente molesta, Candace respondió:

  • ¿Ah sí? ¡Pues no hay huevos de hacerlo!

  • No es eso... — Megan comenzó a palidecer. La verdad es que estaba aterrada.

  • Pues si así es, hagámoslo — dijo Candace eufórica.

Las amigas de Candace se miraron indecisas, pero un comentario de Candace, fue suficiente para que luego Laura respondiera:

  • ¿O tenéis miedo?

  • Si tantas ganas tienes — respondió Laura — hazlo tú.

Silencio en la sala. Candace tragó saliva y asintió. Todas juntas fueron entonces al baño de la planta superior. Encendieron velas y entonces Candace llamó.

— Bloody Mary. Bloody Mary. Bloody Mary.

Como supondréis, nada sucedió. Solo silencio. Ni un escalofrío. Nada. Candace miró a sus amigas y les dijo sonriendo con suficiencia:

— Nada. No existe el mito.

Pero fue entonces cuando vio a sus amigas muertas de miedo, que se dio lentamente la vuelta. Ante ella, estaba una figura alta, vestida con camisón blanco, manchado. En la oscuridad no se podía ver de qué estaba manchado. La cabellera era larga y ondulada. Candace, con voz flojita dijo:

— ¿Eres... Blo... Bloody Mary?

Fueron sus últimas palabras. Las niñas no vieron nada, pero Candace chilló, les saltó sangre a la cara y estas chillaron y huyeron escaleras abajo, hacia la salida. Trataron de abrirla pero como siempre, estaba cerrada. Vieron bajar al espíritu vengativo las escaleras. Las niñas, muertas de miedo, huyeron al salón y otras a la cocina.

Bloody Mary se acercó primero al salón, donde vio asomar la cabeza de Laura. Se acercó a ella y está empezó a huir, acompañada de Megan. Huyeron, pero Megan tropezó y Laura al tratar de levantarla, vio como Bloody Mary había llegado hasta ellas.

Sólo quedaban Brooke y Juli. Ambas se habían armado con cuchillos y esperaban temblorosas a que el espíritu hiciera su aparición. Oyeron los gritos de sus amigas y supieron lo que había pasado. Bloody entró en la cocina y ambas vieron todo su camisón y su rostro lleno de sangre. Si no fuera por la sangre, y porque quería matarlas, Brooke habría dicho que era una niña preciosa. Bloody se acercó a donde estaban y entonces Brooke se acercó corriendo a ella mientras gritaba:

— ¡Corre, Juli, corre!

La niña no lo pensó y escapó, mientras oía gritar a su amiga. Presa de la desesperación, trató de abrir la puerta. Al no poder, se le ocurrió una idea desesperada. Corrió arriba, al baño, apagó las velas y esperó. Esperaba que aquello ahuyentara al espíritu. Verla subir las escaleras la convenció de que no había surtido efecto su plan. Huyó al cuarto de sus padres en cuanto vio a Bloody Mary. Al cerrar la puerta vio la ventana, la cual estaba abierta. Podía escapar por ahí...

Colocó una silla para bloquear la puerta y corrió a la ventana. Al ver la altura, le dio vértigo. Siempre tuvo miedo a las alturas. Pero cuando la silla voló y Bloody Mary entró, ella no se lo pensó y saltó. Luego todo se apagó.

Cuando despertó, estaba en la camilla del hospital, con un brazo roto y puntos en la cabeza. Relató su aterradora experiencia, pero nadie la creyó. Lo achacaron a un estrés post-traumático por ver muchas películas y creyeron que ella mató a sus amigas debido a esquizofrenia. Aunque nada en su cabeza indicaba que fuese así, los psiquíatras equivocadamente lo creyeron. Candace tenía el cuello rasgado, mientras que Brooke había sido apuñalada y a Laura y Megan les habían rasgado el cuello y arrancado el corazón. Tras varios años de internamiento y terapias, Juli pudo recuperar en cierta manera su vida normal, si bien las pesadillas la acompañan todas las noches y a veces creía ver al fantasma en los espejos o tenía ilusiones sobre que Bloody estaba delante de ella. A veces soñaba que sus amigas la culpaban.

No fue fácil para Juli vivir el resto de sus días, pero con el tiempo logró superar el dolor y el terror (aunque nunca terminó por irse por completo).

Un día, mientras se miraba en el espejo del baño de su casa, ya con muchos años encima, mientras Juli apartaba un canoso pelo de su cabello, creyó ver un camisón manchado de rojo detrás de ella. Se giró solo para ver una tétrica sonrisa tras ella.

sábado, 2 de marzo de 2024

LA COSA

 

Nunca olvidaré aquella cosa. Aquel ser amorfo e inmortal. Por más que lucháramos contra él, era imposible de derrotar.

Aquello fue hace años, y el desenlace fue bastante agridulce. Lo que tengo claro es que fue un desafío incluso para la capitana Carol.

Esta historia se sitúa en el espacio profundo. Da igual el año. Porque el planeta Tierra ni siquiera aparece. Dejamos ese hogar hace ya mucho tiempo.

Si bien en el espacio siempre está oscuro (a excepción quizá, de la luz de las estrellas), sabíamos que debía ser de noche en algún lugar, pues nuestros relojes aún seguían el ritmo circadiano de la Tierra.

Yo era bastante joven en aquella época, aunque lo de miedoso no ha cambiado mucho. Vivía en una gigantesca nave espacial, del tamaño quizá de un pueblo pequeño. Si, incluso desde esa perspectiva, la nave era enorme. Yo tenía por aquel entonces unos diecinueve años, mientras que Carol ya rondaba los veinte. Y yo andaba locamente enamorado de ella. Me llamo Charlie, por cierto.

Todos teníamos nuestro propio dormitorio, si bien algunos dormían juntos. Hacía ya años que dejamos la tierra, pues con esto del calentamiento global, acabó por morir, y ahora nos dirigíamos hacia otro planeta, situado a años luz. Para que os hagáis una idea del tiempo que llevábamos en la nave, yo tenía apenas cinco años cuando partimos al espacio. Todo cuanto recuerdo de mi planeta natal fue mares contaminados, animales muertos, plantas marchitas, un cielo gris, lluvias de fuego y ácido y miles de explosiones, entre otras cosas. No puedo decir que echara de menos mi planeta.

Durante todos esos años, la Guardia Espacial, a la cual Carol pertenecía, se había encargado de velar por la seguridad de la nave. Tengo que admitir que, lejos de ser un sistema corrupto, estábamos bastante bien.

Pero cuando esa cosa se coló en nuestra nave, llegó el caos.

Ocurrió esa noche de la que os estoy hablando. Me estaba orinando mucho, así que me levanté de la cama y fui al servicio. Los pasillos de la nave tenían ventanas con cristales de un material que desconocía, pues era prácticamente irrompible. Daba igual que lanzaras una granada, ni las paredes, ni el cristal se agrietarían. La nave estaba fuertemente fortificada. Y sin embargo, nada nos había preparado para aquella criatura.

Hice mis necesidades y tiré de la cadena pero, cuando estaba por salir del baño, escuché algo en el retrete de al lado de mi cubículo. Me quedé en silencio, escuchando atentamente, pero, tras unos segundos que no oí nada, iba a marcharme cuando nuevamente lo escuché.

Y entonces, del retrete surgió una especie de masa amorfa. Parecía una mezcla de gelatina con patas de araña. Tenía un color extraño, entre rosado y marrón. Abrí los ojos, sorprendido y pronto noté el terror invadir cada fibra de mi ser.

Uno de los guardias que pasaba por allí haciendo la ronda se fijó en mi expresión y corrió a socorrerme, cosa que agradecí. Aunque no sirvió de mucho. El guardia en cuestión llevaba la armadura (que a su vez servía como traje espacial) característica. Esta lo protegía de ataques y tenía una válvula de oxígeno, que duraría veinticuatro horas, con una toma de reserva de ocho horas. Llevaba en las manos una escopeta.

¿Estás bien? — me preguntó.

Antes de que yo pudiera responder nada, el guardia se fijó en el ser amorfo. Sin pensarlo dos veces, el guardia disparó con la escopeta. El ruido retumbó las paredes y las llenó de eco. Sangre abundante roja salió de ese ser, que chocó con la pared y quedó inmóvil.

Aquel guardia salvó a la tripulación y todos llegamos felices a nuestro nuevo hogar.


Ojalá hubiera sido tan sencillo ¿verdad? Pero aquella aparente victoria fue efímera. E hizo que todos bajáramos la guardia. Otros guardias aparecieron y mi salvador dio las explicaciones oportunas. Todos nos fuimos a dormir.

En mitad de la noche, me desperté de repente, inquieto. Me había parecido escuchar un grito. Sonó lejano y por unos momentos, creí haberlo soñado. Pero un minuto más tarde, los gritos se fueron intensificando y multiplicando. Me levanté de la cama rápidamente y me vestí. Salí de la habitación al pasillo y corrí dirección a los gritos. Tenía un mal presentimiento.

Más adelante, vi que la cocina estaba en llamas y en el pasillo, a pocos metros de la entrada a la cocina de la nave, se hallaba nuevamente la criatura. Pero ya no tenía forma de araña como antes. En su lugar, había adoptado forma semi humanoide. Su cuerpo era delgado, pero todavía gelatinoso y mantenía el color extraño de antes. Yo lo llamaba color vómito. No podía calificarlo de otra forma. Su cabeza era una masa sin forma, de la cual sobresalían dos grandes cuernos gelatinosos. No tenía piernas, pero sí brazos con forma de garras gelatinosas y en una de ellas sostenía una espada. A sus pies, los cadáveres de dos guardias permanecían inertes, con los ojos abiertos y sin iris, y rodeados por un charco de sangre rojiza.

Con las piernas temblando de puro terror, retrocedí varios pasos. La criatura se abalanzó sobre mí. Me habría matado de no haber aparecido Carol en el último segundo. En la mano izquierda portaba un escudo metálico, que usó para rechazar el ataque del ser. Ella le propinó una patada en la cabeza, pero todo cuánto logró fue atravesar su viscosa carne y ensuciarse el traje. Ella hizo una mueca de asco. La criatura la agarró de la pierna izquierda y la atrajo hacia sí. Creo que pretendía absorberla. Sin embargo, rápida como el pensamiento, Carol sacó su pistola y disparó varias veces a la cabeza de la criatura. Los disparos dieron en el blanco, haciendo que la criatura sangrara y la soltara. No sé porqué, las balas herían a esa criatura, más no la mataban. Una teoría que se me ocurrió fue que quizá tenía que ver con la fuerza y velocidad del impacto del proyectil. Tenía algo de científico, desde luego. Aquella cosa… ¿sería un experimento?

No iba muy desencaminado.

Carol, sin perder un segundo, disparó en más ocasiones. Cada disparo deformaba el cuerpo de la criatura, hasta que se volvió apenas un charco viscoso en el suelo. Ya sin balas en la pistola, Carol la guardó y sacó el subfúsil. Pero tras unos momentos, el charco quedó inmóvil.

¿Se ha acabado? — pregunté, no muy convencido.

Mi voz sonó bajita, revelando mi naturaleza tímida y asustadiza. Ella me miró seriamente y contestó:

Eso parece. Pero por si acaso…

Entró a la cocina. No sabía qué iba a hacer allí pero, segundos más tarde, salió portando una aspiradora. Con ella, atrapó el charco viscoso dentro para acto seguido ir a la sala de Válvulas de escape. Metió allí la aspiradora y eyectó la nave al espacio profundo. Vivo o no, la criatura no regresaría.

O eso pensábamos.

Problema resuelto — sonrió Carol.

Aliviado, emprendimos el camino de regreso mientras otros guardias y personal médico se encargaban de los muertos. Ahora quedaba la peor parte: informar a las familias. Pensarlo hizo que se me formara un nudo en la garganta. Aún asustado por lo que había sucedido, le pregunté a Carol, sin pensar:

Oye Carol, ¿Podría quedarme a dormir contigo?

Ella me miró, algo sorprendida por la pregunta. Enseguida me arrepentí, azorado. Ese tipo de preguntas no se hacían. Menos a la chica que te gustaba con la que no tenías ningún tipo de relación. Pero antes de poder retractarme, ella respondió:

Claro, sin problema. Ha sido una noche dificil. Tengo espacio de sobra en mi cama. Y no te preocupes por los monstruos, yo te protegeré.

Me guiñó el ojo. Su voz sonó dulce y cariñosa. Aquella me hizo sentir bien y me relajé. Llegamos a la habitación de Carol. Su cama medía 1,35 y como era de esperar, estaba deshecha. Sin desvestirme, me tumbé cuidadosamente sobre la cama de Carol. Ella fue al baño a cambiarse. Al salir, ya sin el traje espacial, no pude evitar sentir algo en el estómago. Carol dormía con un top gris de tirantes y un pantalón corto del mismo color. Se tumbó a mi derecha. Yo estaba en posición fetal. Ella se puso de cara a mí y sonrió al tiempo que me acariciaba con suavidad el cabello. Noté que me ruborizaba pero, si ella se dio cuenta de eso, no lo demostró.

¿Eras Charlie, cierto?

Yo asentí.

Si, te he visto alguna vez, por los pasillos. ¿Qué hacías levantado?

Oí un grito. Fui a investigar.

La próxima vez que oigas un grito, avísame. Iremos juntos a verlo. Pero no vayas tú solo. Es peligroso que un cívil vaya a la hora de dormir a investigar ruidos extraños.

¿Qué era esa cosa? — no pude evitar preguntar, aunque tenía serias dudas de que ella lo supiera.

La verdad, no lo sé. Nunca había visto un alien así. Su cuerpo es muy extraño. Además, ha cambiado de forma por alguna razón.

¿Crees que estará muerto?

Tras un instante de vacilación, respondió:

Sino lo está, lo estará. O no sobrevive en el espacio o no sobrevive encerrado en esa capsula.

Mi yo interior chillaba que le dijera cuánto la amaba. Pero no era el momento. Apenas si nos conocíamos. Me conformé con cerrar los ojos y escuchar, antes de caer dormido un dulce “buenas noches”, por parte de Carol.

Pero la pesadilla estaba lejos de terminar.

Al día siguiente todo transcurrió con normalidad. Yo fui a mi entrenamiento militar, para ser guardia espacial, y vi a Carol observarme con una sonrisa. En aquel momento yo todavía no lo sabía, pero ella ya me había pillado mirándola. Yo era un chico muy reservado, tímido. No tenía muchos amigos, salvo a Ned, un chico de cabello negro y tez oscura, que era mi único amigo desde hacía unos años. También tenía algo de relación con Nerea, una amiga de Carol, la cual tenía el cabello lleno de rizos negros. Ned era el cocinero de la nave mientras que Nerea se encargaba de dar clases a los más pequeños. Ese día, almorcé y cené con Carol y luego nos fuimos cada uno a nuestro dormitorio.

Pero, cuando estaba llegando a mi dormitorio, quedé paralizado.

Allí de pie, intimidante, se hallaba la criatura. Había adoptado la forma inicial, pero ahora tenía el tamaño de una tarántula gigante.

Quedé paralizado del terror. ¿Cómo había logrado sobrevivir en medio del espacio? ¿Acaso esa cosa podía sobrevivir sin oxígeno? El ser me atacó. Yo, paralizado de terror, habría muerto de no ser porque Carol apareció de repente y disparó varias veces, hiriendo a la criatura, que se volvió nuevamente un amasijo sin forma. Carol siguió disparando. Sin embargo, al mismo tiempo, el ser empezó a tomar forma de nuevo. ¿Qué aspecto obtendría esta vez?

¡Atrás, Charlie! — la voz de Carol era puro pánico.

Di varios pasos atrás. La criatura volvió a adoptar la forma humanoide y portaba su espada gelatinosa. Ahora parecía más resistente. Atacó a Carol, quien saltó hacia atrás. Trató de disparar nuevamente, pero se había quedado sin munición, de modo que tiró el arma contra esa cosa, que la esquivó con suma facilidad. Aquella criatura, además de poder sobrevivir sin oxígeno, era increíblemente resistente a cualquier ataque. Era imparable. ¿Cómo deteníamos a una criatura así? Debería poder morir, pensé, solo que no sabíamos como matarlo. Observé su cuerpo gelatinoso. Ciertamente, parecía tener un cuerpo semi líquido o líquido completo. Era algo así como gelatina.

Entonces caí. Quizá pudiéramos matarlo si…

Debía funcionar. Mientras Carol luchaba contra esa criatura, yo corrí a la armería. Allí encontré lo que buscaba: el desintegrador. Regresé corriendo y encontré a Carol recibiendo un golpe de la criatura.

¡Eh, pedazo de gelatina!

La llamé. Esta se giró hacia mí al tiempo que yo activaba el desintegrador. Un rayo azulado salió disparado contra la criatura, que soltó un chillido agónico antes de desaparecer para siempre.

Solté el desintegrador y me acerqué a Carol, quien se incorporó, algo desorientada.

¿Estás bien?

Ella asintió. Sin esperarmelo, me agarró el rostro y me plantó un beso en los labios. Noté sus dulces labios pegarse a los míos, cosa que me dejó sin aliento por un momento. Luego me abrazó. Mi rostro se pegó al de ella, muy cerca de su cuello. Olía a sudor debido a la pelea, pero me dio igual. Notaba su respiración agitada. Me acarició el pelo con dulzura y dijo:

Has sido muy valiente, Charlie.

Sonreí.

Habíamos ganado, cierto. Pero como dije, la victoria fue agridulce. Muchos guardias y civiles fueron asesinados antes de ganar. No sabíamos de dónde había salido aquel ser, pero lo que teníamos claro es que era algún tipo de bactería, que había tomado un tamaño enorme y vagaba por el espacio. Y parecía ser que lo habían creado en algún planeta…

Pero esa historia será contada en otro momento. Lo que sí os puedo decir, es que Carol y yo somos pareja, que me ascendieron en la Guardia espacial, que vivimos más aventuras y acabamos descubriendo el origen de aquella criatura.


¿CONTINUARÁ?


sábado, 25 de noviembre de 2023

ÁNGEL GUARDIÁN 1: SOBRE ÁNGELES Y DEMONIOS

 

Ariel y Jesús caminaron deprisa un rato más hasta que finalmente la chica decidió que era buena idea salir de las vías del tren. Se veían las calles de Dos Hermanas a lo lejos.

  • Por aquí — indicó ella aún sin soltar su mano. Se sentía cálida.

Jesús había renunciado hacía rato a que le soltara. Al principio había resultado ser algo incómodo, pero ahora lo tranquilizaba. Le aportaba seguridad.

  • ¿Podrías decirme al menos hacia dónde vamos? — inquirió Jesús.

Ella resopló. Estaba claro que no quería decirle nada, pero era consciente de que tarde o temprano acabaría averiguándolo de todos modos, así que dijo:

  • A una iglesia.

  • ¿Necesitas rezar? — preguntó con sarcasmo Jesús.

  • Algo así — respondió la chica muy seria.

Jesús se preguntó si habría captado su sarcasmo.

Se adentraron en la ciudad campo a través y para cuando Jesús se quiso dar cuenta, se hallaban próximos al barrio La Motilla. Realmente no estaba cerca, pero se veía lo suficiente a lo lejos como para que Jesús lo considerara “cerca”. Si bien cerca podía ser un kilómetro, perfectamente. El nerviosismo de Jesús iba en aumento. Así debió de notarlo Ariel, porque esta comenzó a hablar para, supuso Jesús, distraerlo del peligro que en realidad les pisaba los talones. Las piernas de Jesús le comenzaban a doler y no sabía cuánto tiempo más resistiría.

  • Aguarda — le dijo ella —. En menos de una hora llegaremos a nuestro destino.

  • ¿Pero a qué iglesia te diriges? — la curiosidad del muchacho era ya gigantesca.

  • Ah, pronto lo sabrás.

  • ¿Por qué tanto misterio? — quiso saber él.

  • Porque si no se acabaría la sorpresa — le respondió ella guiñándole un ojo.

Jesús se quedó un poco confundido. ¿Sorpresa? ¿Porque aquella iglesia era tan especial?

Como supuso que pronto lo averiguaría, decidió no insistir más.

Ariel había aflojado el ritmo, lo cual Jesús agradeció. Un poco más y le habría dolido menos una amputación de ambas piernas. También el semblante de la chica para estar más apacible. Atravesaron la ciudad con un calor abrasador de treinta grados. Jesús habría agradecido ponerse unas bermudas, pero en su lugar había optado por pantalón largo, así que tuvo que aguantarse. De todas formas, no tuvo que aguantar demasiado el calor, pues Ariel buscó enseguida algo de sombra. Si bien el muchacho sudaba a mares, a Ariel no se la veía para nada cansada ni sudada. Toda ella era impoluta. Atravesaron el centro del pueblo, esquivando bares (con su correspondiente olor a pescado y carne, que hizo que le rugiera el estómago a Jesús) y las personas que regresaban a sus hogares. Llegaron a la plaza de la constitución. Se detuvieron frente a la Iglesia Santa María Magdalena.

  • Hemos llegado — anunció ella.

  • ¿Es aquí? — preguntó Jesús algo confundido.

Ariel tan solo asintió.

  • Es mi hogar.

  • ¿Tu hogar? ¿Me estás diciendo que vives aquí? — Preguntó con incredulidad.

Jesús no sabía si echarse a reír o no. Una mirada seria de Ariel le bastó para que le confirmara que hablaba en serio. Tal vez en otras circunstancias, habría pensado que estaba pirada. Pero después de haber sido atacado por un sabueso del infierno y haber visto el arma de su salvadora, ya no tenía tan claro quién era el falto de cordura.

Ariel suspiró. A su alrededor había muchas personas almorzando. Las tripas de Jesús rugieron otra vez y Ariel debió escucharlo, porque sonrió traviesa.

  • Será mejor que te lo cuente con el estómago lleno.

Jesús lo agradeció. Se moría de hambre. Pidieron unos bocadillos con jamón en un bar cercano y unas botellas de agua fría. Se sentaron en un banco de la plaza.

  • Soy un ángel.

Aquella afirmación casi hizo que Jesús se atragantara con el pedazo de bocata que había tragado. Unas palmaditas por parte de Ariel y un poco de agua solucionaron el asunto.

  • ¿Dices literalmente?

Ella asintió.

  • ¿Recuerdas la espada que mostré antes? — Jesús dijo que sí —. Bueno pues, es un arma angelical. Los ángeles somos los guerreros de Dios. Os protegemos a todos los seres vivos, especialmente a los humanos.

  • La especie favorita de Dios — dedujo él.

Ariel carraspeó divertida.

  • No exactamente.

  • ¿A qué te refieres? — quiso saber Jesús.

  • Dejemos eso para otro momento ¿vale? Hay asuntos más urgentes.

La voz de Ariel sonó firme, pero amable. Jesús decidió que obedecerla en aquel momento era lo mejor, a fin de cuentas, no era un asunto tan importante como otros que tenían entre manos. Como, por ejemplo:

  • ¿Porque me ha atacado ese perro?

  • Quería llevarte al infierno.

Aquella revelación le heló la sangre. Ariel pareció darse cuenta, porque dijo:

  • Lo lamento, no se me da muy bien esto del tacto... quizás no debería haberte dicho eso.

  • No, no. Está bien saberlo.

La sola idea de ir a un lugar como el infierno no le agradaba nada. Y más si era como decían las leyendas.

  • Imagino que será un lugar tan terrible como cuentan — dijo Jesús.

  • Es aún más horrible. No existen palabras para describir lo que hay allí abajo.

Un escalofrío inundó el cuerpo de Jesús. Ariel le acarició el cabello. Jesús se sintió incómodo por este gesto, pero al mismo tiempo le gustaba. Si Ariel notó algo, no lo dijo, porque siguió acariciándolo unos segundos más y luego se detuvo.

  • ¿Y cómo es que apareciste de repente? No te vi subir al tren.

  • Ah eso. Jesús hay algo que deberías saber.

Jesús aguardó mientras ella se preparaba para decirle lo que sea que fuera a decirle.

  • Entre los ángeles existen varias categorías ¿de acuerdo? Estamos los Ángeles Guerreros que, básicamente somos todos, pero hay un grupo especial. Uno del que vosotros los humanos habéis oído hablar miles de veces.

  • ¿Cuál es? — preguntó, altamente intrigado.

  • Los Ángeles Guardianes. O de la guarda, como muchos decís. Os vigilamos, y procuramos que estéis bien. Aunque a veces no podamos interferir.

  • ¡Guau! ¿y tú eres el mío?

Ella asintió. Jesús no pudo evitar que asomara una leve sonrisa de satisfacción.

La chica que me gusta me protege le gustaba aquello, decidió. Vio que Ariel también sonreía.

  • ¿Y observáis desde el cielo, siempre?

Ella negó con la cabeza y luego respondió:

  • Estamos siempre en La Tierra. Así podemos estar más cerca vuestra. Os vigilamos incluso cuando creéis que nadie os mira. Por eso a veces sentís presencias u observados. Generalmente somos nosotros.

  • Ah, así que esos escalofríos que a veces noto...

  • Por lo general era yo, sí.

  • Y... ¿Siempre estás conmigo? ¿Las veinticuatro horas del día? ¿Todos los días?

Ariel volvió a mostrar aquella sonrisa traviesa, que parecía más propia del diablo que de un ángel y contestó:

  • Si a lo que quieres que responda es si he llegado a ver tus “asuntos”, diría que sí. Con mucho detalle, además. No tenía ni idea de que te gustara ver ese tipo de cosas...

  • Vale, vale — la cara de Jesús estaba rojísima de vergüenza. Su ángel solo se rio con dulzura y le acarició el cabello.

  • Tranquilo, Jesús, no pasa nada. No es pecado ni haces daño a nadie.

  • Bueno... — la cara de Jesús era algo menos roja, pero su voz temblaba de vergüenza — según la iglesia no.

  • Ya, bueno, la iglesia se tomó algunas licencias — Ariel parecía ligeramente molesta con ese tema, aunque Jesús no podría haberlo jurado completamente —. No miente en general, pero hay algunos tecnicismos. Las famosas contradicciones. ¿Crees que Dios habría puesto eso como pecado y os habría dejado las manos tan cerca de vuestro “amigo o amiga”?

  • Eso tiene sentido — reflexionó él.

  • Te conozco desde siempre — le dijo ella —. Desde que naciste. He estado cuidándote, y asegurándome de que estuvieras bien, la mayor parte del tiempo. Aunque hay cosas en las que un ángel no puede interferir, como en el libre albedrío. No puedo evitar que una persona quiera herirte si desea hacerlo, pero sí puedo minimizar los daños o “atar hilos”, por decirlo así, para que puedas encontrar la ayuda necesaria para afrontar ese daño. E inclusive si te hieren gravemente, puedo hilar un poco las cosas para que aparezca alguien que pueda llevarte al hospital. O llevarte yo misma.

Jesús se quedó pensando acerca de lo que Ariel le acababa de decir. Mucha información, se dijo.

  • Creí que los ángeles teníais alas — comentó Jesús de repente.

Aquello le provocó una carcajada a Ariel.

  • Es un mito. A medias. Digamos que podemos “volar” o, mejor dicho, teleportarnos de un lugar a otro. Pero no lo hacemos muy a menudo. No es un poder que se utilice a ligera. Por eso no lo utilicé antes. Echar el vuelo con alguien que no está acostumbrado puede ser peligroso.

  • Ah — dijo Jesús azorado.

  • Creo que es hora de que entremos en la iglesia — decidió Ariel.

Jesús la siguió. Ambos se levantaron y se dirigieron a las puertas de la iglesia. La atravesaron.























viernes, 24 de noviembre de 2023

JUGUETELANDIA (1ª Parte)

 

Elisabeth apuntó con la linterna en la penumbra. Le había parecido ver algo. Pero era solo su imaginación.

Tranquila chica se dijo. Solo llevas una hora aquí. Solo estás tú en esta juguetería.

Elisabeth, o Eli, como la llamaban sus amigos, tenía treinta años y el cabello rubio a la altura de los hombros. Sus ojos eran del color del mar. Ella era vigilante de seguridad, vestida con su uniforme. Era delgada, pero ligeramente musculosa, resultado del ejercicio diario. También era alta, alrededor de 1,80. llevaba la linterna en la mano izquierda, y llevaba en el cinturón un taser y una porra.

La juguetería donde trabajaba de noche no era muy grande, apenas ocho pasillos, con una puerta que daba al almacén y a los baños y otra a la sala de emergencia. Todas ellas cerradas, pero ella tenía la llave. Todo lo que tenía que hacer era vigilar las cámaras de seguridad desde su pequeño despacho o bien dar una vuelta por la tienda si lo veía preciso. También tenía un pequeño teléfono para llamar a su jefe en caso de que fuera vital. Lo que no le habían especificado es que debía llamar solo si alguien había logrado entrar.

Un trabajo sencillo y tranquilo.

Sí, demasiado tranquilo pensó hastiada Eli. Era un trabajo tan tranquilo que la agobiaba. No había nada por hacer, salvo mirar una pantalla o dar una vuelta. Si, podría rendirse a la tentación de mirar el teléfono, pero entonces no estaría atenta y cualquier despiste podía ser fatal. Dado que podía rebobinar las cámaras, no pasaba nada si tenía que ausentarse al servicio. Miró el reloj: las once de la noche. Su turno no acabaría hasta las seis de la mañana. Un poco antes, en realidad, pues el primer empleado llegaría alrededor de las cinco y media para que ella pudiera marcharse y mientras, ese empleado limpiaría la tienda hasta las ocho, hora que abría la tienda. No estaría solo, pues el jefe de ambos llegaría a la misma hora.

Pero por ahora ella si estaba sola.

No supo si fue su imaginación, pero le pareció ver algo moverse en el pasillo cuatro, a través de las cámaras. Parpadeó, pero no volvió a notar ese movimiento.

De seguro lo he imaginado pensó, tratando de calmarse.

Seguramente seria eso. No podía negar que no estaba acostumbrada a ese tipo de trabajo, aunque ya había sido vigilante de seguridad en una gasolinera. Ella antes trabajaba como cajera en un supermercado.

Escuchó lo que pareció algo caerse en el pasillo dos. Sintió el corazón encogérsele y un nudo en la garganta. ¿Se habría colado alguien? ¿Cómo? No había despegado la mirada de las cámaras y no se había ausentado ni un solo instante.

Mejor lo compruebo.

Era mejor asegurarse, se dijo. Así pues, agarró el táser y salió de su despacho lentamente. La puerta apenas si crujió cuando la abrió y sus pasos no resonaron en el frío suelo hecho de mármol. Con ayuda de la linterna, la cual sujetó con la mano derecha (aunque ella era zurda y por eso tenía el táser en esa mano), alumbró los pasillos. Pronto encontró la causa del ruido: una muñeca que había caído al suelo. Aliviada, Eli guardó el taser y recogió la muñeca. Llevaba un vestido negro y tenía la apariencia de una niña de cinco años. Sus ojos eran azul cielo y su cabello dorado.

Dejó la muñeca en su sitio, aunque le extrañó que se hubiera caído.

Cosas que pasan pensó.

Ya más tranquila, decidió regresar a su despacho para vigilar las cámaras de seguridad, si bien desde donde estaba podía darse una vuelta y verificar la tienda de igual forma. Cambiando de idea, optó por hacer eso. Sus pasos resonaron en el suelo, pues ya no trataba de ser sigilosa. Aún con el taser guardado en su cinturón, alumbró los pasillos de la tienda y el mostrador. Alumbró la puerta principal, la cual era de cristal y tenía la persiana echada hasta abajo del todo para evitar que entrara ningún ladrón. Decidió ir al baño a lavarse la cara.

Pero cuando abrió la puerta y encendió la luz, se quedó petrificada.

En el espejo del baño, con sangre fresca, había escrito un mensaje:


TU TAMBIÉN SERÁS UN JUGUETE


Asustada, le hizo una foto con su teléfono para tener pruebas y entonces, escuchó un estruendo.

En la persiana de la tienda.

Lentamente, y con temor, se acercó hacia la puerta de entrada. Alumbraba con la linterna cada rincón de la tienda. De nuevo el estruendo. Ella pegó un brinco. Notaba todo su cuerpo tembloroso, y el sudor de las manos hizo que casi se le resbalara la linterna. Afortunadamente, la asió con firmeza y no se le cayó. Era lo que le faltaba, quedarse sin luz.

Cuando llegó a la reja, los ruidos dejaron de emitirse. Estuvo durante diez largos minutos esperando, pero los golpes parecieron cesar. Fue entonces cuando creyó notar un movimiento a su espalda.

Se giró rápidamente y notó un movimiento, aunque no vio sombra alguna. Se acercó lentamente a donde había escuchado el ruido, que era en el pasillo contiguo. Allí, de pie, vio un juguete.

Se trataba de un muñeco con pecas, un niño. Su pelo era verde y sostenía un cuchillo de cocina de plástico en la mano izquierda. Iba vestido con camisa a rayas y vaqueros. A la espalda tenía un mecanismo que le permitía moverse si lo girabas. El muñeco era grande, de al menos cuarenta centímetros de altitud.

Este muñeco está defectuoso pensó Elisabeth.

No era posible que el muñeco se hubiera movido por voluntad propia. Debía ser un error de fabricación. Si, eso debía ser.

Hasta que notó que no estaba sola.

Se dio la vuelta rápidamente. De repente, fue testigo de que había muchos juguetes tras ella.

Eran un total de cinco. Uno era una muñeca barbie, otro se trataba de la muñeca que había caído antes. Otro juguete consistía en un pequeño oso marrón, mientras que los dos últimos juguetes eran la figura de acción de un hombre militar, cuyo uniforme era grisáceo y llevaban fusiles como arma. Todos ellos tendrían un tamaño entre quince y treinta centímetros de altitud.

¿Qué clase de broma es esta? — gimió Elisabeth, asustada.

De pronto, notó un movimiento a su espalda. Al mirar, descubrió que el muñeco con el cuchillo se movía sola.

¿Qué… qué está pasando?

Pero más se asustó cuando el muñeco del cuchillo habló:

Hola Elisabeth.

¿Ahora los juguetes tienen mecanismos para hablar?

Elisabeth alzó la voz y dijo:

¡Esto no tiene gracia! Quien quiera que haya diseñado esta broma que pare ya o habrá consecuencias legales.

Escuchó las risitas siniestras y burlonas de los juguetes y un escalofrío recorrió el cuerpo de la joven. Solo entonces comprendió que aquello no era ninguna broma. Aquellos juguetes estaban vivos de verdad.

Pobre Eli — dijo el muñeco —. Cree que todo esto es una broma.

¿Quiénes sois? ¿Cómo podéis estar vivos?

Trató de que no se notara el temblor en su voz, pero fue inútil. El que parecía ser el líder (el muñeco del cuchillo) dijo:

¿Has oído hablar de la cirugía plástica?

Ella lo miró extrañada y negó lentamente con la cabeza. Todo su cuerpo temblaba como un flan, sentía los musculos agarrotados y rígidos. Por mucho que quisiera, no podía moverse. Estaba paralizada del terror. El juguete del cuchillo continuó hablando:

Esto no tiene nada que ver con magia cariño. Es ciencia. Lo que en las pelis se llamaría Ciencia ficción. Y una nueva amiga siempre es bienvenida…

Fue entonces cuando los juguetes se abalanzaron sobre ella. Nadie escuchó los gritos de Elisabeth.


Cuando Marcus, el jefe de la tienda, llegó a la mañana siguiente, no encontró a Elisabeth. En su lugar, encontró, encima de la mesa de su despacho, una muñeca vestida de guarda de seguridad, con el pelo rubio recogido en una suave y preciosa coleta. Mediría alrededor de Treinta y cinco centímetros. Marcus sonrió satisfecho.

Lo que muy poca gente sabía sobre Marcus, es que no siempre fue dueño de una juguetería. Él la heredó de su hermano fallecido. Antes, Marcus era cirujano plástico. Aunque fue despedido por sus métodos “cuestionables”. Uno de sus últimos experimentos, y su preferido, de hecho, era verificar si podía sustituir la carne por el plástico o la lana, así como los huesos, para reducir el tamaño. Era una tarea sumamente ardua y extremadamente dolorosa sino se hacía con anestesia. Pero su experimento fue un éxito. Y tuvo éxito en enseñar eso a otros juguetes convertidos. También se había hecho experto en lavado de cerebro. Ya no le era necesario convertirlos él mismo, sus juguetes podían hacerlo por él. Suspiró satisfecho mientras sentaba a la muñeca en una silla de juguete y encendía un proyector. Tenía mucho trabajo por delante.


Minutos antes:

Cuando Elisabeth despertó, le dolía todo el cuerpo. Aquellos juguetes… no, aquellas cosas.

Esas cosas le habían hecho algo, bien lo sabía ella. La habían inmovilizado y empezaron a rajarle la cara y cortar sus extremidades. Todo sin una gota de anestesia. Pudo oír sus risas mientras ella chillaba más y más hasta que el dolor la hizo desmayarse. Frente a ella había un espejo. No podía creer lo que veía. ¿Esa era ella? Se veía mucho más pequeña y parecía estar tumbada en lo que parecía una mesa. Tampoco podía moverse. Le dolía todo el cuerpo y no podía mover su boca ni emitir sonido alguno. Aterrada, comprendió que era ahora un juguete. Escuchó entonces la verja abrirse y vio como entraba Marcus. Trató de pedir auxilio, pero, cuando vio con la delicadeza con la que la sujetó y su rostro satisfecho, comprendió que él también estaba metido en el ajo. Luego la sentó en la silla y la obligó a ver videos que luego no recordaría haber visto. Enseguida supo que se trataba de hipnosis.

Lo que Marcus no sabía, es que ella logró resistir su hipnosis. Y como ella, había algunos juguetes más, apodados “La resistencia”. Tardó un tiempo en acostumbrarse, pero pronto aceptó su nueva naturaleza y, la segunda noche, escapó con la resistencia cuando los otros juguetes trataron de matarla. Lentamente, ella inició su venganza contra Marcus.

Ese cabrón pagará por lo que me ha hecho prometió, llena de odio.


CONTINUARÁ...

viernes, 3 de marzo de 2023

CRÓNICAS ELEMENTALES 2: EL VIDENTE

 

Jack despertó de repente, con la respiración agitada. Acababa de tener una pesadilla muy vivida. El corazón le latía a mil por hora y parecía que le fuera a estallar. Literalmente podía escuchar como su corazón bombeaba con fiereza. Lisa se encontraba a su lado profundamente dormida. Despertó de pronto, alarmada por los sonidos de su corazón. Al ver la expresión de su amigo, Lisa se aterrorizó.

  • ¡Jack! ¡jackie! — dijo su apelativo cariñoso —. ¿Qué te sucede?

No le preguntó si estaba bien. Lisa sabía a la perfección que no lo estaba. Jack quería responder, pero la voz no le salía. Boqueaba y notaba como el aire se le escapaba rápidamente. Se sentía como si hubiera corrido diez millones de kilómetros y no pudiera recuperarse.

Lisa, en un acto desesperado, colocó una mano encima de su amigo y comenzó a usar magia. Jack se dio cuenta de que le estaba drenando parte de su energía. Aunque iba recuperando aire, aún le faltaba mucho y dudaba que Lisa pudiera curarle por completo.

  • ¡LILY VEN RAPIDO! ¡TU HIJO SE MUERE!

Siguió drenando energía, ayudando a su amigo. La espera se hizo eterna, llegando Lisa a preguntarse si Lily la habría oído.

Entonces Lily hizo acto de presencia. Iba vestida con una bata que le tapaba todo el cuerpo y unas zapatillas. Como un rayo, Lily apartó a Lisa y utilizó su magia para drenar su energía. Al cabo de un minuto el pulso de Jack se empezó a normalizar y este se tranquilizó. Dejó de escuchar a su corazón y Jack respiró aliviado.

Rakon entró poco después por la puerta. Lily respiró aliviada y miró a su hijo mayor. Esa mirada bastó para hacerle entender a Rakon que todo había salido bien, su hermano pequeño estaba a salvo. Jack pudo notar el suspiró casi imperceptible de alivio que soltó su hermano. Se fijó entonces que su padre, Jorge, también estaba, con el rostro visiblemente preocupado.

Estaban de vuelta en casa. En Abandonado. Habían transcurrido tres días desde la victoria sobre Feinsteir. No había noticias de adonde habían ido los Mohen. Se suponía que se estaban reagrupando, lamiéndose las heridas y trazando un plan de venganza. No tenían forma de saber si seguían siendo leales a Zodiac, o por el contrario planeaban ir por su cuenta. Zodiac no había enviado todavía un ejército para recuperar la ciudad. Lily suponía que tal vez todavía estaría pensando un plan y formando el ejército. Zodiac solía ser extremadamente cuidadoso y sensato.

Lily había insistido en regresar a casa.

  • No voy a permitir que mis hijos se queden en un lugar que puede ser atacado al instante — le había dicho a la reina.

Y habían regresado a Abandonado. Sin los misterios, ahora era un lugar más seguro. Al volver allí, Jack se había percatado de que sus ojos habían retomado el azul de siempre. Notó que lo hicieron cuando la ira por el asesinato de su abuelo Fran desapareció. Ahora solo estaba triste, pero sabía que con el tiempo se recuperaría.

  • ¿Cómo te encuentras cariño? — le preguntó Lily a su hijo.

  • Bien — respondió este suspirando —. Gracias mamá. No sé qué me pasaba…

  • Yo sí — le contestó esta —. ¿Tienes fuerzas para levantarte?

Jack se incorporó parcialmente hasta quedar sentado en la cama. Tras un momento, asintió afirmativamente con la cabeza.

  • Sígueme entonces.

Jack se levantó. Llevaba puesto su típico pijama azul. Rakon y Lisa también la siguieron.

Rakon llevaba su pijama negro y Lisa uno rosa. Lisa había decidido quedarse en casa de sus amigos, pues tras la traición de Mery y casi perder a Jack, no le apetecía pisar su casa. Una casa que le recordaba constantemente su vida con Mery. Esa noche sí volvería a casa con sus padres, pues llevaba sin verlos desde el día anterior. Miriam y Luis estaban muy ocupados con la reconstrucción de la ciudad Feinsteir, pero aun así tenían tiempo de visitar a su hija.

Lily los guío hasta la biblioteca donde almacenaban todos los libros. Una vez dentro, Jack vio cómo su padre cerraba la puerta de la biblioteca. Fueron a la sección donde Jorge guardaba los libros que él mismo escribía y Lily fue al segundo libro que su marido publicó. Lo sacó de ahí. Tras ese libro, había un hueco falso del que Lily sacó un volumen grueso, titulado: Crónicas Elementales: Historia de los Elementales.

Aquello intrigó enormemente a Jack. ¿Qué habría en ese libro? Obviamente entendía que explicaría la historia Elemental: cómo fueron creados, la duración de su mandato, lo justas o injustas que eran sus leyes, etc. Lily dijo:

Este es uno de los pocos libros que se logró rescatar de la Torre de Zodiac. Si bien la enorme mayoría está en Luxbe, algunos los guardamos aquí.

Lily abrió una sección llamada RAREZAS ELEMENTALES. Lily citó textualmente:

  • Los elementales, aparte de sus poderes de fuego, agua, aire o tierra, pueden poseer otros poderes extraños, como la visión”.

Lily carraspeó para hablar sobre la sección VISIONES DE ELEMENTAL.

  • La visión es un poder que solo un puñado de Elementales posee y aún menos dominan. Tienen la capacidad de ver el pasado, presente o futuro. No obstante, este tiene un costo: afecta al corazón, y drena la energía del vidente.”

  • Así que por eso muchas veces me falta el aire — entendió Jack.

Lily asintió.

  • Así es.

Lisa miró a Lily pensativa y dijo:

  • ¿Me deja el libro?

  • ¿Por? — la voz de Lily sonó desconfiada y temblorosa un momento, pero, aunque trató de disimularlo, no engañó a nadie. Menos a Lisa.

  • Porque me gustaría mucho echarle un vistazo.

  • Quizás en otro...

Sin esperar a que terminara, Lisa le arrebató el libro de las manos sin importarle la mirada de asombro que la madre de su amigo le dedicó. Los demás también se mostraron sorprendidos ante esta iniciativa, especialmente Jack, que no se esperaba aquello para nada. Lisa encontró lo que buscaba:

  • Lo sabía. Aquí dice — citó señalando el texto: — “Si se tienen demasiadas visiones seguidas, el Elemental puede morir muy joven”.

Lisa se quedó muda. El resto también. Lily tenía la cara blanca y Jack quedó petrificado. Así que podía morir. No es que no se lo hubiese imaginado antes, pero tenerlo confirmado así...

  • No tenía que saberlo — Lily intentaba contener su ira.

  • Merece saberlo — Lisa estaba triste.

Aquello pareció aplacar un poco a Lily.

  • Tiene razón mamá — la voz de Jack era apagada —. Ya me lo había supuesto antes de todas maneras. No era muy difícil de adivinar, teniendo en cuenta que casi se me corta la respiración hace nada.

Rio para suavizar la situación, pero no logró nada. Rakon posó una mano en el hombro derecho de su hermano:

  • Eso no te sucederá. Eres joven, fuerte y estamos aquí para evitar eso.

Jack agradeció el gesto. Jorge no dijo nada. No sabía que decir.

Jack entonces decidió contar su sueño. Tras hacerlo, Lily dijo:

  • Espera... creo que esa casa... ¿es de madera has dicho no?

Jack asintió.

  • En Abandonado solo hay una casa así y está a un par de calles de la nuestra. Apenas se tarda cinco minutos andando.

  • ¿Insinúas...? — preguntó tímidamente Jorge.

  • Exacto. Creo que es la casa de aquí al lado. Si aún no ha pasado, podemos cambiar los hechos.

Lily y Jorge se cambiaron, así como el trío. Lily se puso el traje de combate: negro por doquier, mientras que Jorge un chándal. Jack se puso camiseta, vaqueros y deportes, igual que Rakon y Lisa. Al verlos, Lily dijo:

  • ¿Adónde os creéis que vais?

Los tres se miraron. Fue Rakon quien contestó.

  • A Ayudar.

  • De eso nada — prohibió Lily haciendo caso omiso a las protestas de los chicos —. Ya tuvisteis más que suficiente en Feinsteir. Os quedaréis aquí. ¿Queda claro?

Los ojos negros de Lily se volvieron más negros y eso los convenció. Lily le hizo una caricia a cada uno y se marchó con Jorge.

Después de eso, Jack siguió investigando el libro por su cuenta. Estaba tumbado en la cama de su cuarto. El libro explicaba muchas cosas: el inicio de los Elementales y como estos hicieron frente a los Mohen extinguiéndolos y como luego, misteriosamente, desaparecieron. Nadie sabe qué sucedió, no había páginas registradas de ello, pero Jack supuso que debió ser algo muy gordo. Quizás una guerra interna entre ellos.

No sería la primera vez pensó.

Lisa y Rakon entraron en el cuarto de Jack.

  • Jack — dijo Lisa. Este la miró.

  • Vamos a ir en busca de mamá y papá — dijo Rakon.

  • Pero se enfadarán — objetó Jack.

  • Hace demasiado que se marcharon — respondió su hermano —. Temo que les haya pasado algo.

  • ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Preguntó Jack al tiempo que se inclinaba para ver la hora en su despertador. Ya hacía una hora que se habían marchado.

  • Una hora — le contestó Lisa a pesar de saber que Jack ya se había respondido así mismo.

  • Bueno, está bien.

No estaba demasiado convencido, pero estaba deseando salir de ahí y descubrir más sobre su sueño. Sería la primera vez que podría investigarlo a fondo. Se preguntó entonces si su sueño había ya ocurrido o, por el contrario, aún no. O quizá aún se estaba desarrollando.

Armas en mano, los tres salieron a la calle, dispuestos a encontrar a los padres de Jack y Rakon.



Lily y Jorge apenas tuvieron que recorrer un par de manzanas antes de llegar a la casa de madera. No tenía pérdida: era la única casa tallada en madera en todo Abandonado.

La casa en sí parecía intacta, aunque Lily notaba algo raro. El jardín estaba cuidado, así que, si ya habían ocurrido los hechos, no hacía mucho. Jorge empujó la puerta y esta cedió ligeramente. No necesitaron forzarla. Aquello le dio muy mala espina a Lily.

  • Aparta — susurró a su marido. Este, obediente, se puso tras ella.

Lily entró con suavidad. Gracias a un hechizo, ni los pasos de ella ni los de su marido podían escucharse en dos kilómetros a la redonda. Lily tenía poder suficiente para aumentar ese radio a un total de diez, lo cual era toda una proeza ya que el mago estándar podía alcanzar como mucho los cinco kilómetros y los brujos ocho.

La entrada estaba vacía y seca. No había restos de que hubiera sido inundada, pues la madera ni siquiera estaba blanda ni mojada.

Parece que la visión de Jack...

Estaba pensando cuando de pronto vio un cuerpo arropado por una sábana blanca. Del cuerpo emanaba un charco de agua. Atrás suyo, Jorge se removía inquieto: había visto lo mismo que ella y, nervioso, no cesaba de mirar a todos lados, buscando la amenaza.

Lily se acercó con precaución al cuerpo. Lo destapó con el mismo cuidado que si se tratara de una bomba que estalla al contacto. Allí se encontraba el cuerpo sin vida de la joven con la que Jack había soñado.

Maldita sea pensó Lily hemos llegado tarde.

El sonido de una metralleta hizo que Lily reaccionara por puro instinto. Lo hizo a una velocidad que ni ella misma se creía capaz. Se abalanzó sobre su marido, sin ver de dónde provenía la amenaza e inmediatamente activó un escudo protector. Los disparos venían en dirección frontal. A través del escudo transparente, Lily vio a Tizane. Tal como en la visión de Jack, este llevaba un arma por brazo.

¿Qué se ha hecho? O qué le han hecho.

Tizane reía como un loco, pero debido al ruido de los disparos, Lily no podía oír bien qué decía, aunque tenía claro que se estaba burlando de ella. Eso no bastaba para enfurecerla. Debido al escudo protector, Lily se hallaba entre la espada y la pared. Si deshacía el escudo para atacar, ella y Jorge morirían. Si no, no sabía cuándo Tizane terminaría su ataque. No parecía tener fin. Lily comprendió de pronto que Tizane no tenía intención de parar. Al parecer su arma era infinita y no se detendría hasta que ella deshiciera el escudo y muriera.

Estaban atrapados.



Jack, Lisa y Rakon llegaron a la casa de madera. Allí, desde las ventanas, vieron como Lily resistía ante Tizane.

  • Tenemos que intervenir — dijo Jack angustiado.

  • Vayamos por atrás, no se lo esperara — propuso Lisa.

  • Yo me quedaré aquí — dijo Rakon calmado. Jack envidiaba eso de él.

  • ¿Por? — Quiso saber el muchacho.

  • Tizane podría acorralaros a vosotros también. Y no se esperará una fuerza extra desde el frente de nuestros padres. Creerá que estoy en otro lado.

  • Bien pensado — dijo Lisa maravillada.

Pero antes de siquiera poner en marcha el plan, Lily deshizo el escudo. Aquello la dejaba expuesta.

  • A la mierda el plan — exclamó Jack —. Hay que entrar ¡ya!

Vieron como Lily lanzaba un hechizo fuego a su oponente que este esquivaba con facilidad. Jorge, debido al terror que sentía, no movía un músculo. Parecía una estatua de cerámica mal colocada.

Jack, Lisa y Rakon entraron por la puerta principal. Lisa enseguida usó su habitual hechizo de luz al tiempo que Rakon y Jack se abalanzaban sobre Tizane para atacarlo. Sabían de sobra que esquivaría el ataque.

Tizane esquivo el ataque, efectivamente, pero también golpeó con una pierna a Rakon y luego apuntó hacia Jack. Este casi no tuvo tiempo de esconderse tras el sofá donde aún descansaba el cuerpo del hermano. Las balas abrían agujeros en la piel del sofá. Lily entonces lanzó un hechizo luz hacia su oponente para cegarlo. Este, que estaba distraído tratando de matar a Jack, recibió el impacto. Acto seguido Lisa usó nuevamente la luz para desintegrar a Tizane, pero este se volvió a escurrir. La televisión fue lo único que se desintegró. Rakon atacó a Tizane. Solo gracias a su temporal ceguera, logró hacerle un corte. No obstante, el oído de Tizane era increíblemente agudo. Y su velocidad mayor todavía.

  • ¡Eres un monstruo! — gritó entonces Lisa, pillando desprevenido a los demás, que no se esperaban que ella hablase —. ¿Cómo pudiste matar a esos chicos?

Jack vio los cadáveres del niño y su hermana. Sintió una impotencia que no había sentido nunca.

Tizane rio. Parecía un maníaco, pensó Jack.

  • Para vuestra información, yo sólo maté al chico. No a la chica.

Tizane parpadeó. Volvía a ver con claridad. Suspiró y siguió hablando:

  • Esa joven... — miró al cuerpo sin vida de la chica — utilizó involuntariamente su poder elemental.

  • Su... ¿qué? — dijo Lisa estupefacta.

Tizane soltó una risita.

  • Así es. La chica era una Elemental. Como este chico.

Señaló a Jack. Este estaba inmóvil, tratando de procesar la información que acababa de recibir. Tizane añadió:

  • Localizamos a la chica gracias a que ella utilizó su poder antes.

  • Así Zodiac pudo encontrarla — entendió Lily horrorizada.

  • Sí — rio Tizane —. Y todo gracias al hechizo para detectar magia que implantó. Toda una hazaña. Tengo entendido que es el primero en crear ese hechizo a nivel global.

Rakon atacó entonces, pero recibió una fuerte patada de Tizane que lo envío directo hacia sus padres, quienes recibieron el impacto demasiado rápido para pararlo. Lisa usó enseguida el hechizo luz, pero Tizane la esquivó y atacó. La arañó por la mejilla izquierda, creando tres finas fisuras rojizas en su piel y enviándola contra el cristal del salón, sacándola fuera de la casa.

Solo Jack quedaba en pie.

  • Bueno, bueno — se burló Tizane —. Ya no tienes ningún guardián.

Apuntó con su arma hacia Jack. Jack sabía que no podría esquivar su ataque lo bastante rápido. Así que tomó lo único que podía hacer.

Una enorme ventisca proveniente del cristal roto empujó a Tizane qué, sorprendido, fue arrastrado por ella. Salió de la casa y Jack fue tras él. Salió justo a tiempo de ver como Lisa desintegraba finalmente a Tizane gracias a que este estaba atrapado en el tornado que Jack había creado. Jack deseó que el viento cesase y así sucedió. Lentamente, Jack aprendía a controlar su nuevo poder.

Tuvo que morir mi abuelo para que surgiera pensó con rabia.

Al menos Tizane ya no daría más problemas a Alavir. Y Zodiac tenía un soldado menos. Habían logrado una pequeña victoria más.

  • ¿Todos bien? — preguntó Lily.

  • Sí — respondió Jack, secundado por los demás.

Jorge tenía la cabeza gacha. Jack sentía ira y pena hacia él al mismo tiempo. Sus emociones se mezclaban y provocaban que Jack no supiera exactamente qué pensar de su padre. Le daba lástima que su miedo le impidiera luchar, y a la vez, le daba rabia que no espabilara de una vez. Él tenía catorce años y había tenido que intervenir más de una ocasión.

  • ¿No os dije que os quedarais en casa? — la sombra de una bronca asomó los ojos de Lily.

Los tres no supieron qué decir. Lily suspiró, derrotada. En su interior, se sentía agradecida de que la hubieran ayudado a ella y su esposo, pero odiaba que se hubieran puesto en peligro.

  • Bueno — dijo Lily carraspeando — ahora ya sabemos por qué Tizane iba por esta familia.

  • ¿Qué hay de los padres? — quiso saber Lisa preocupada.

  • Contactaré a la reina tan pronto volvamos a casa — informó Lily —. Así ella podrá verificar su paradero, quienes son y darles la triste noticia.

La voz de Lily era pura amargura.

Regresaron a casa, no sin antes inspeccionar el resto de la casa. La habitación de Helena estaba totalmente encharcada. Sin duda ahí murió ella. Tizane debió llevarla abajo para usarla como cebo.

De vuelta en casa, Lily contactó con la reina usando la piscina como una especie de webcam mágica. La reina iba ataviada con un vestido azul oscuro. Su cabello peinado y cuidado dieron la pista a Lily que no se acababa de levantar precisamente. En la imagen solo podía verse a Isabel, pues esta había bloqueado con magia las comunicaciones para que nunca saliera el lugar donde se encontraban, y así el enemigo no las detectara.

  • ¿Qué sucede? — preguntó la reina, curiosa.

Lily procedió a contarle toda la historia. La reina escuchó pacientemente y en silencio. Cuando terminó, se tomó un instante para responder:

  • Enviaré a Licántropo a investigar. Tan pronto localicemos a su familia, te lo diremos.

  • Gracias, majestad.

Terminada la charla, la reina deshizo la comunicación, sin siquiera despedirse.

A Lily esto no le afectó lo más mínimo. Ya conocía a la reina; estaba acostumbrada.

Cuando regresó al salón, vio a su familia y Lisa sentados. Jack, Lisa y Rakon en el sofá, mientras que Jorge en el sillón.

  • ¿Qué tal ha ido? — quiso saber su marido. El resto la miraron.

  • Bien — dijo ella.

No dijo nada más y se marchó dirección a las escaleras.



  • ¿Qué le sucede? — quiso saber Jack, intrigado.

  • Lo de esa chica la ha afectado — le informó su padre —. Supongo que le ha recordado a ti.

  • ¿A mí? — preguntó confuso. De repente entendió. Ella era Elemental como él.

  • Sí. Hoy podrías haber sido tú. Dale tiempo. Necesita asimilarlo.

Jack tragó saliva y miró por donde su madre se había marchado. De repente, notó una punzada de culpa por haber ido allí.

Lisa le agarró la mano y lo miró.

  • No Jack.

Él entendía su mensaje:

No te sientas culpable. No es tu culpa. Solo estabas preocupado por ella”. Los dos se abrazaron. Jorge se incorporó.

  • Iré a ver a tu madre.

Jack asintió.

  • Chicos... — dijo Lisa, algo tímida — yo me marcho ya.

  • ¿Y eso? — quiso saber Jack.

  • Quiero ver a mis padres. Hace días que no les veo.

  • Ah claro — Jack se sonrojó un poco.

Los tres se levantaron. Ambos hermanos acompañaron a su amiga a la puerta.

  • Luego me despido por ti — le informó Jack.

  • Gracias — dijo Lisa.

Dicho esto, ella se marchó.



Lisa apenas tardó un minuto en cruzar la calle y entrar en casa. No entraba con una llave, ahora usaba un hechizo de apertura que sólo ella y su madre podían utilizar, para evitar que Mery ingresara a la casa. Luis ahora tenía que esperar a que alguna le abriera la puerta.

  • Menudo asco — había refunfuñado.

Pero no se había quejado más. Sabía por qué lo hacían. Lisa aún recordaba con amargura las expresiones de dolor en el rostro de sus padres. Luis no lo había expresado, como siempre, pero Miriam se había hartado de llorar. Luis la abrazó y no hizo nada más.

  • ¡Mamá, Papá! — Exclamó Lisa con alegría infinita en cuanto abrió la puerta —. ¡Ya estoy en...!

Lo que vio la enmudeció de golpe. Allí delante, en el pasillo, justo al lado de las escaleras, se encontraban los cuerpos de Miriam y Luis. Inertes los dos, con sus dos ojos abiertos en una expresión de horror. No había sangre, pero sus cuellos estaban doblados de una forma anti natural y Lisa sabía que estaban muertos. Y delante de esos cuerpos, se hallaba el encapuchado que una vez salvara a Jack y Rakon en el laberinto, espada en mano.